Ir al contenido principal

Enterrado en vida: fama, anonimato y humor inglés

Una novela de humor inglés que satiriza la fama, la identidad y la vida privada


Por su título, nada induciría a sospechar que “Enterrado en vida” sea una novela de humor; yo me decantaría por el género gótico y más en el inglés original, “Buried Alive”, literalmente: enterrado vivo, que evoca los cuentos de Poe y su tafofobia. La traducción castellana lo dulcifica y puede tomarse metafóricamente: encerrarse en sí mismo sin salir del domicilio. Un juego de palabras quizá fomentado por Arnold Bennett, escritor a quien le gustaba jugar con las palabras.

Con otro equívoco empieza la trama: un médico confunde al célebre pintor inglés Priam Farll con su criado, que acaba de fallecer súbitamente de pulmonía en la cama de su amo. Un enredo clásico: el doble, el suplantador, tan usado en las comedias. Sin pensarlo, Priam no saca al doctor de su error y adopta la identidad de Henry Leek. La suplantación es sencilla porque Farll y su criado han vivido casi siempre en el extranjero y en Gran Bretaña pocos conocen su aspecto, ni siquiera su primo y único heredero. El protagonista es, según se lee en la pág. 20, cap. I, "La bata de color pulga":

un hombre de cincuenta años. Como la mayor parte de los hombres de cincuenta años, tenía aún un aspecto muy juvenil; y como casi todos los solteros de cincuenta, era un perfecto inútil.

Incapaz de desenvolverse, nada práctico y además vive fuera de la realidad, como muchos genios. Por eso se agarra con tenacidad a la oportunidad que se le presenta de dejar de ser famoso. Porque, a pesar de su carácter o quizás por ello, Priam Farll es un pintor famoso; en un alarde hiperbólico, Bennett nos lo presenta como 

el mejor pintor de todos los tiempos, si no el segundo, tras Velázquez.

Su muerte causa conmoción, no solo en su país, sino en todo el orbe. Comienzan los debates sobre el fallecimiento, se descubren los detalles del testamento y empiezan las disputas sobre los homenajes que merece y el lugar de su enterramiento, a los que él mismo asiste, entre curioso y disgustado, al revelarse el comportamiento de la opinión pública ante la muerte.

No es su único descubrimiento: al día siguiente de su defunción, se entera de que Leek estaba inscrito en una agencia matrimonial y de la cita con Alice Challice, una candidata, que será su contraste perfecto: práctica, resolutiva y sencilla:
Yo no tengo tiempo para estar preocupada,

afirma. Con ella emprenderá una nueva existencia que le deparará más sorpresas que por supuesto no voy a desvelar. Sí os diré que hay humor inglés, ironía, crítica social, un juicio, que Bennett transforma en una delirante obra teatral; periodistas apostados en la casa de Henry y Alice, una segunda mujer que reclama sus derechos, marchantes de arte y por supuesto, cuadros. Después de todo un genio no puede dejar de pintar, o hacerlo mal, aunque lo intente. Como aperitivo, os dejo este párrafo 


Estaba seguro de que no había tenido buena suerte en absoluto en la vida. Si hubiera podido escudriñarse su espíritu, habríamos descubierto en sus profundidades un constante e intenso deseo de que alguien cuidase de él, de que lo protegiese contra las dificultades y los rigores del mundo. Pero no habríamos dado crédito a nuestro descubrimiento. Un soltero cincuentón no puede admitir que en el fondo es muy parecido a una muchacha de diecinueve primaveras. Sin embargo, es un hecho extraño, pero cierto, que la semejanza entre el corazón de un soltero aventurero y experimentado, a los cincuenta, y el sencillo corazón de una muchacha de diecinueve es mucho mayor de lo que las muchachas de diecinueve pueden imaginarse; sobre todo cuando el soltero de cincuenta está solo y sin compañía a las dos de la madrugada en la sombría soledad de una casa donde se han desvanecido ya todas las esperanzas. Solamente si es usted un soltero de cincuenta años me comprenderá.


(pág. 20, cap. I, "La bata de color pulga”). Si intentáis leerlo en voz alta y la risa os lo impide, es un síntoma de que también os gustará la novela.

Arnold Bennett fue un autor tan prolífico y famoso a principios del siglo XX, que hasta Sinclair Lewis lo menciona en su novela Dodsworth de 1929:

También había visto a Aristide Briand, el político, en la ópera, y a Arnold Bennett, el escritor, en el teatro.

(Dodsworth, capítulo 19, pág. 301). Como otros muchos autores de entonces, incluido Lewis, que fue famoso, muy vendido y premio Nobel, apenas se le conoce en la actualidad. La presente edición de Impedimenta descubre esta novela al público español. Quizá la editorial se anime a continuar con otras de sus celebradas obras: Gran Hotel Babylon (el hotel donde se hospeda Priam al inicio de la novela; me gusta el juego de la autorreferencia de la novela), Cuento de viejas o Riceyman steps.

 

Enterrado en vida
Arnold Bennett
Editorial Impedimenta
Madrid
2013
293 páginas
ISBN 978-84-15578-4-9

Comentarios

Leoncio ha dicho que…
Me encanta el argumento! Y también la cubierta de Impedimenta. Voy a leer a Arnold Bennett, tiene muy buena pinta el libro. Gracias!

Entradas populares de este blog

Leer "La Tierra Prometida", hoy

Ha envejecido mal la novela de Guelbenzu . Tan mal como los pasos subterráneos que describe y que dejaron de existir en el centro de Madrid hace más de una década. Eran lugares insalubres que evitábamos por la noche por miedo a un susto y preferíamos cruzar a lo loco en la superficie, aunque no hubiera pasos de peatones. Fueron sustituidos por semáforos y señalizaciones en las vías rápidas: la Castellana, Doctor Esquerdo, Diego de León. A muchos lectores de entre 30 y 50 años (si de verdad existen, yo no los conozco) les resultará ajeno el Madrid de los pasos subterráneos, como también serán incapaces de identificarse con los personajes de su misma edad de la novela, tan envejecidos, tan pasados de vueltas que solo piensan en la muerte y en el final. Ellos, que acaban prácticamente de colocarse y que han tenido el primer —y, en la mayoría de los casos, único— hijo pasados los 35. A ver quién les convence de que la vida se acaba a los cuarenta. Es mi segundo intento con el libro: lo em...

AUTUMN ALMANAC

Volví el domingo pasado de Ámsterdam , mi primer viaje en mi nuevo puesto de trabajo, y toda la semana me he sentido un poco extraño en esta mi ciudad, tan llena de coches y de gente a la que no conozco y que no quiere conocerme. El vuelo de ida, lleno de japoneses. El de vuelta, de mujeres holandesas que iban a un congreso “Holanda, pioneros en negocios internacionales”, en Madrid. Ninguna es espectacular, todas se asemejan, tan rubias, muy anchas, hablan y sonríen sin parar. Siempre parecen estar alegres, los holandeses. Cuanto menos, tienen un sentido del humor peculiar. Y todas las holandesas del avión van riendo y hablando, pero, no sé por qué tienen un aspecto a la vez muy serio y respetable. Parecen combinar a las mil maravillas la diversión y la obligación. Las medidas de seguridad de Barajas no me parecieron tan terribles cuando embarqué. Tantas advertencias, tantas instrucciones sobre los líquidos, tampoco hay que exagerar. Recuerdo el año pasado en Dublín , que nos obligaro...

LA LIBRERÍA AMBULANTE

"Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. (...) Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena." (capítulo 11, pág. 141) La librería ambulante, Editorial Periférica La librería ambulante Christopher Morley 2012 Traducción de Juan Sebastián Cárdenas Colección Largo Recorrido, 32 Editorial Periférica  16,75 euros 184 páginas ISBN 978-84-92865-50-5 Hace dos años tuve que confesarme a mí mismo que no había leído mucho en los últimos meses. Estaba atascado. Ningún libro me atraía y casi todos me decepcionaban. "La librería ambulante" no fue la excepción. Compré el libro muy ilusionado y no me gustó. Es un librito, de menos de doscientas páginas, una lectura ligera, nada del otro mundo, pero ¿cómo me atrevería yo a hacer una mala crítica cuando hasta Eug...