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Leer "La Tierra Prometida", hoy

Ha envejecido mal la novela de Guelbenzu . Tan mal como los pasos subterráneos que describe y que dejaron de existir en el centro de Madrid hace más de una década. Eran lugares insalubres que evitábamos por la noche por miedo a un susto y preferíamos cruzar a lo loco en la superficie, aunque no hubiera pasos de peatones. Fueron sustituidos por semáforos y señalizaciones en las vías rápidas: la Castellana, Doctor Esquerdo, Diego de León. A muchos lectores de entre 30 y 50 años (si de verdad existen, yo no los conozco) les resultará ajeno el Madrid de los pasos subterráneos, como también serán incapaces de identificarse con los personajes de su misma edad de la novela, tan envejecidos, tan pasados de vueltas que solo piensan en la muerte y en el final. Ellos, que acaban prácticamente de colocarse y que han tenido el primer —y, en la mayoría de los casos, único— hijo pasados los 35. A ver quién les convence de que la vida se acaba a los cuarenta. Es mi segundo intento con el libro: lo em...
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Adornar lo que va a la muerte: Una soledad demasiado ruidosa

Resistencia y basura en la Checoslovaquia de Hrabal Una soledad demasiado ruidosa es un tributo a los libros y a la cultura occidental. Un libro serio y desgarrador, y a la vez una gran broma. También un viaje espiritual en busca de uno mismo a través de los libros. El narrador nos cuenta que lleva trabajando treinta y cinco años como empacador en una prensa de reciclar papel en las entrañas de la tierra en Praga. Su trabajo consiste en destruir y enfardar libros y reproducciones de obras pictóricas, que salen del país en tren "a corona el kilo" para acabar convertidos en papel. La cultura se atisba en la basura: en el papel sucio que será destruido y reconvertido en nuevo papel en blanco. Una especie de broma del Estado socialista, que destruye para crear. Hanta se resiste y decide honrar lo que va a ser destruido o enterrado: hace paquetes con los fardos, que decora y ata con primor, y adorna con obras de arte. ¿Qué sentido tiene embellecer con arte los fardos que van...