Don Juan y don Luis ya competían por ver quién cometía más barbaridades. La única diferencia es que hoy las publicarían en una red social.
No puede haber una excusa mejor para publicar este post hoy porque la creencia popular es que el acto segundo de Don Juan Tenorio de José Zorrilla transcurre un 31 de octubre. Por si mis lectores no lo saben, el drama se representa en las fechas próximas a la noche de difuntos desde mediados del XIX.
Lo curioso es que las acotaciones de Zorrilla en el acto primero de la segunda parte dicen que la acción "se supone en una tranquila noche de verano". Aunque no coincida con la época del año, me parecería una buena tradición que el Tenorio se convirtiera en un clásico de las televisiones, mejor que películas como Halloween, El expediente Warren o El resplandor.
Aunque si seguimos con las contradicciones, la intención de Zorrilla no era espantar al público y esto también se lee en las acotaciones: "la decoración no debe tener nada de horrible", lo que quiere decir que no debe causar horror (o miedo), y no evitar los objetos feos en el decorado. Pero claro, que en la segunda parte aparezcan los espíritus de las personas que murieron por causa de don Juan ha bastado para que la obra sea digna de cualquier maratón televisivo de Halloween. Un clásico de las películas de terror es presumir de que no se tiene miedo a los espíritus, o convocarlos con bravuconadas y que aparezcan. Otro es encerrarse en una habitación pensando que no entrarán, pero incluso atraviesan las paredes, como en la obra.
Por lo demás es una pieza muy esquemática en la que todo ocurre rápidamente. La acción transcurre en dos noches separadas por cinco años. Es todo tan rápido que en la primera noche don Juan no duda en mantener relaciones con dos mujeres: con una, a las diez, con la segunda, a las doce. Muchos nos contentamos ya con una vez al año. Es curioso que solo pasen cinco años porque parece como si hubieran sido veinte. El don Juan de la segunda parte parece muchísimo más viejo.
Pero, ¿por qué ver la representación, por qué leerlo en el siglo XXI? Nuestra época también está llena de idiotas como Juan y don Luis, capaces de apostar que van a cometer las mayores barbaridades posibles, anotarlas, con testigos que las rubriquen, quedar en una taberna y comparar sus listas para ver quién ha ganado. Sí, el clásico: "Jajaja, la mía es más larga". La diferencia está en que ahora se publican en una red social, se suben las fotos o los videos y se consiguen followers. De un modo extraño Don Juan Tenorio puede ayudarnos a entender mejor a nuestros contemporáneos.
Yo no me alargaré, como la lista. Sólo mencionaré que, después de los sinsabores que ha causado, las muertes que ha perpetrado, las mujeres que ha violado, los desmanes cometidos, Juan se salva y se libra del castigo divino sólo porque una mujer, llámese doña Inés, interviene para pedir su salvación. Esta idea no entra en mi concepto de la moral. Aparte de que sugiere que puede salvarse lo mismo el santo que el criminal, si tiene buenos intercesores con dios padre, puede animar a los idiotas a seguir haciendo barbaridades. Más vale portarse bien, que salvarse por los pelos. Por fortuna, un crápula licencioso como Juan, rescatado por una Inés con su bondad solo puede darse una vez por milenio. No vais a tener tanta suerte.
Eviten mejor mis lectores los comportamientos de riesgo que aparecen en el drama. Suelen traer aparejados cirrosis hepática, enfermedades de transmisión sexual, muerte o condenación eterna. No renta, que se dice ahora. Aunque, como afirma Juan en la pág. 3, acto II, escena XII:
Con oro nada hay que falle
Tengo yo más mérito, que todavía ligo discretamente y sin pagar a nadie para conseguirlo.
Don Juan Tenorio
José Zorrilla
Teatro Español
Madrid
1990
168 págs.
ISBN 84-87744-01-X

Comentarios
Pero no por las fechas sino, como dices, por la cantidad de don Juanes y don Luises. Qué pereza!