Entretenida novela policíaca ambientada en Kenia. Mollel, el protagonista, ingresa en prisión preventiva y se entrevista con Mdosi, un capo local, también encarcelado, pero con grandes privilegios, que quiere que el preso recién llegado, antes sargento detective, le explique por qué sus hombres están desapareciendo. Tras la entrevista, los guardias encuentran al policía, con un cuchillo en la mano, mientras el mafioso “yace en un charco de sangre” [pág. 18, cap. 1, "Han tomado el cielo y lo han rodeado"]. A través de "flashbacks", la novela nos muestra qué le ocurrió a Mollel la semana previa para que fuera encarcelado, hasta volver al momento del apuñalamiento de Mdosi y sus consecuencias. La trama se entrelaza con recuerdos del protagonista durante su infancia masái con su hermano menor Lendeva.
"Las puertas del infierno" mezcla una historia policial con los problemas políticos y sociales de la Kenia post 2007, año en que el país sufrió una crisis política y humanitaria tras las elecciones presidenciales del 27 de diciembre: el tráfico de animales, las cuestiones raciales, la corrupción policial, la justicia vigilante, las mafias, la inversión china en el país, el floreciente comercio de flores, la intervención extranjera en la política nacional, así como los oscuros secretos y conexiones entre los poderes político y empresarial. No sólo es destaca por su tema social; también las descripciones del lago Naivasha, del Gran Valle del Rift ("Una composición verde y dorada, salpicada por las sombras de las nubes que pasan rápidas en lo alto (...). A lo lejos se alzan montañas azules. Suswa; Longonot. Volcanes, una vez. Montañas de Dios. Hacia el sur, Tanzania." [pág. 160, cap. 15].), con constantes temblores de tierra y emersiones de lava, y del inquietante parque nacional de Hell's Gate, que da nombre a la novela: el enorme cráter, los acantilados, "el cañón profundo y serpenteante", el olor a azufre, el "Devil's bedroom" y "la gran columna de vapor de la planta geotérmica" [pág. 247, cap. 27], porque el autor consigue poner a la naturaleza al servicio de la historia.
El lector probablemente apreciará como yo al personaje principal de Mollel por su complejidad y pasado atribulado, en lo personal y también como miembro de una tribu, la masái, “que creía que el mundo entero era su hogar” [pág. 18, cap. 1, "Han tomado el cielo y lo han rodeado"] y que busca su lugar en el siglo XXI. Un detective que piensa que la justicia: "Es algo eterno, más poderoso y más significativo que la sociedad humana que trata de definirla y sujetarla con normas y leyes." [pág. 217, cap. 23]. Que durante la novela siente que no es ni policía, ni hombre casado ni masái. No puedo decir lo mismo de los secundarios, planos y poco diferenciados, en particular la "Fuerza Rino" y Kibet, que ni siquiera llega a ser una "femme fatal". En cualquier caso, la historia es interesante y el ritmo ágil, aunque la intriga pueda resultar predecible para los expertos en el "thriller". Aun así, recomiendo el libro a los amantes del género, sobre todo por su exotismo, que lo hace destacar entre otras novelas de intriga, y como iniciación a la cultura de un país diverso como Kenia y desconocido para la mayoría de nosotros.
"Las puertas del infierno" mezcla una historia policial con los problemas políticos y sociales de la Kenia post 2007, año en que el país sufrió una crisis política y humanitaria tras las elecciones presidenciales del 27 de diciembre: el tráfico de animales, las cuestiones raciales, la corrupción policial, la justicia vigilante, las mafias, la inversión china en el país, el floreciente comercio de flores, la intervención extranjera en la política nacional, así como los oscuros secretos y conexiones entre los poderes político y empresarial. No sólo es destaca por su tema social; también las descripciones del lago Naivasha, del Gran Valle del Rift ("Una composición verde y dorada, salpicada por las sombras de las nubes que pasan rápidas en lo alto (...). A lo lejos se alzan montañas azules. Suswa; Longonot. Volcanes, una vez. Montañas de Dios. Hacia el sur, Tanzania." [pág. 160, cap. 15].), con constantes temblores de tierra y emersiones de lava, y del inquietante parque nacional de Hell's Gate, que da nombre a la novela: el enorme cráter, los acantilados, "el cañón profundo y serpenteante", el olor a azufre, el "Devil's bedroom" y "la gran columna de vapor de la planta geotérmica" [pág. 247, cap. 27], porque el autor consigue poner a la naturaleza al servicio de la historia.
El lector probablemente apreciará como yo al personaje principal de Mollel por su complejidad y pasado atribulado, en lo personal y también como miembro de una tribu, la masái, “que creía que el mundo entero era su hogar” [pág. 18, cap. 1, "Han tomado el cielo y lo han rodeado"] y que busca su lugar en el siglo XXI. Un detective que piensa que la justicia: "Es algo eterno, más poderoso y más significativo que la sociedad humana que trata de definirla y sujetarla con normas y leyes." [pág. 217, cap. 23]. Que durante la novela siente que no es ni policía, ni hombre casado ni masái. No puedo decir lo mismo de los secundarios, planos y poco diferenciados, en particular la "Fuerza Rino" y Kibet, que ni siquiera llega a ser una "femme fatal". En cualquier caso, la historia es interesante y el ritmo ágil, aunque la intriga pueda resultar predecible para los expertos en el "thriller". Aun así, recomiendo el libro a los amantes del género, sobre todo por su exotismo, que lo hace destacar entre otras novelas de intriga, y como iniciación a la cultura de un país diverso como Kenia y desconocido para la mayoría de nosotros.

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