Mis seguidores más antiguos —y quizá los más asiduos— recordarán (o tal vez no) uno de mis refranes favoritos: No tengo más parientes que mis dientes. Hace unos días, mi amigo Ruiz me envió un enlace al Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes, donde aparece una versión más tradicional: Antes son mis dientes que mis parientes. Yo sigo prefiriendo la mía, que descubrí bordada en un mantel de merienda lleno de refranes sobre comida (una historia que conté en la entrada Doctor Robert). Curiosamente, sólo las lenguas peninsulares y el italiano parecen compartir esta visión dental de las prioridades afectivas: Più vicino è il dente, che alcun parente, o en portugués, Antes dentes que parentes. El resto de idiomas se inclinan por las camisas: Near is my shirt, but nearer is my skin o Ma chemise m’est plus proche que ma robe. Cada cultura con sus tejidos emocionales. En fin.
A mí me pasa como a muchos: me quedan pocos parientes, y de los que quedan, algunos son postizos. Como suele suceder, este tipo de pensamientos me asaltan en los lugares más insospechados, hoy, en la consulta del dentista. No les tengo miedo, pero sí una desconfianza bien fundamentada. Desde que me empastaron las primeras muelas a los diez años, he acumulado suficientes experiencias como para justificar cierta cautela.
Mientras espero en la sala, no puedo evitar pensar en Ancelotti mascando chicle en los partidos. ¿Sufrirá de bruxismo? No me sorprendería: según mis estadísticas personales —reconozco que poco científicas—, la mayoría de mis conocidos lo padecen: todos con sus férulas nocturnas y sus mandíbulas tensas y sus dientes desgastados. Me pregunto si mi muy querido Xabi Alonso, su sucesor, heredará la costumbre de mascar chicle. ¡Cómo pasa el tiempo! En 2009 celebraba su fichaje como jugador del Real Madrid, y ahora vuelve, pero como entrenador. Mis amigas están encantadas: lo encuentran irresistible. Y hasta yo lo reconozco, el hombre es atractivo, aunque me confieso celoso cuando Sol le lanza esas miradas que, en mi opinión, deberían estar reservadas para mí.
Y, por cierto, hoy he pagado 700€ del ala. ¡Cuidad de vuestros parientes!
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