Ir al contenido principal

DOCTOR ROBERT

Ha ocurrido lo que más temía: me han sacado una muela. Mejor digamos que me han sacado otra muela. Y 84 euros. Como ando tan mal de dinero, he pagado con la visa, yo, que sólo la utilizaba para mis lujos, qué cosas. Aunque vista la escasez de mis dientes, para mí ir al dentista es todo un lujo. Es como el chiste aquel de: “Tienes los dientes como perlas, por lo escasos”. De mayor seré como el paciente de aquel otro chiste al que el médico le pregunta: “¿Le castañetean los dientes por las noches?”; “No sé, los dejo en la mesilla”. Se me está pasando el efecto de la anestesia y creo que el dolor provoca que sólo se me ocurran chistes malos.

No sé cómo he llegado a esta situación: sin muela y dolorido. Ha sido todo tan rápido. La sala de espera: estaba leyendo “Sound Bites”, de Alex Kapranos, el cantante de Franz Ferdinand, un anecdotario culinario, que me ha regalado mi amiga Victoria; me han llamado. La consulta: el dentista ha observado la ortopantomografía con tanto detenimiento como Foreman escruta las resonancias cuando House le dice que se le escapa algo del diferencial de un caso. La recepción: saco la visa, sin muela, con el labio y el carrillo dormidos, muertos, y pegados a las encías y una gasa para impedir que me desangrara. “No grites”, me decía el dentista mientras tiraba. No he gritado, sólo he emitido unos lamentos guturales para intentar avisarle de que tras la muela se llevaba mi cabeza enganchada en las tenazas. Creo que me he contracturado el cuello. No estaba preparado para esto y aún no he tenido tiempo de recuperarme del choque. No estaba preparado.

Ring, my friend I said you'd call 
Day or night he'll be there any time at all 
Doctor Robert You're a new and better man
He help you to understand he does everything he can 

Mi madre tenía un mantel de merienda que nos ponía cuando éramos pequeños. Era cuadrado y bordado con refranes, los típicos referentes a la comida, desde "Al pan, pan y al vino, vino", hasta "Donde comen dos comen cuatro, añadiendo más en el plato", que leíamos al merendar. Sin embargo, mi favorito ha sido siempre: "No tengo más parientes que mis dientes", que es una broma divertida, pero a la vez una definición muy egoísta; un poco retador y macarra. Toda una declaración de principios. Pensaba incluso incluirlo en mi escudo de armas, si es que alguna vez tenía alguno, en lienzo de gazules y mar de lis.

“No tengo más parientes que mis dientes” es una verdad filosófica, un estilo de vida, una reafirmación de individualismo, pero sobre todo una realidad: llegado el momento, uno está solo, siempre solo. Hay cosas que no se pueden confiar a nadie, ni a tu mejor amigo; cosas que no confiesas nunca. Pienso en la cantidad de momentos en los que estoy solo, en todo lo que hago solo y que nadie me ha visto hacer ni sabe que hago. El que tiene la fortuna de llegar a mayor con todos sus dientes, podrá decirlo con orgullo. Probablemente sean los únicos acompañantes que le queden desde la infancia.

Siento una gran desconfianza por los dentistas. Abro la boca y se les ilumina en los ojos el símbolo del dólar, como en las cajas registradoras antiguas. Cuando me preguntan por qué acepté mi nuevo trabajo: “Para poder arreglarme la boca”. Todo el mundo ríe, “Ya está Enrique con sus ocurrencias”, que es lo que siempre me han dicho desde niño, pero es la cruda realidad.

Hace un tiempo decidí cambiar de dentista e ir a uno más cerca del trabajo y de mi casa. En mi primera visita, abrí la boca y empezó a cantarle a la enfermera: “El cincuenta y siete, el treinta y dos, el dieciséis, el veinticuatro”, y a mí me entraron unas ganas locas de cantar “bingo”. Estuve a punto de sugerirle que cantara sólo los números de las piezas que estaban bien, pero no me hizo caso. Ese dentista me dio un presupuesto de tal calibre, que no volví nunca.

Antes de arrancarme la fatídica muela - “Se te ha partido dentro de la encía", me dijo con gravedad -, el dentista estuvo explicándome que se podría haber salvado si me llegan a poner una funda. Yo odio las fundas en los dientes: son un foco de suciedad, de mal aliento y de infecciones. Es la muerte anunciada de un diente embellecido y al que se le alarga la vida de manera artificial; no importa si lo pierdes al año de poner la funda o a los diez. 

Por ahora me conformo con no perder más piezas. Mi dentista me ha asegurado que no tengo por qué, pero lo dudo: a mis treinta y algunos años, ya me faltan tres, más una muela del juicio, y a este ritmo, me parece que no llegaré a los sesenta con toda la dentadura.

Recuerdo la extracción de la muela del juicio: El dentista tiraba sin parar, estaba sana y se resistía a salir; cuando estaba a punto descoyuntarme, escuché que le decía a la enfermera: “Agárrele la cabeza”. Lo único que le faltó fue ponerme el pie en el pecho.

If you're down he'll pick you up Doctor Robert
Take a drink from his special cup Doctor Robert
Doctor Robert He's a man you must believe
Helping anyone in need No one can succeed like Doctor RobertWell, well, well, you're feeling fine
Well, well, well, he'll make you Doctor Robert
My friend works for the National Health Doctor Robert
Don't pay money just to see yourself Doctor Robert
Doctor Robert You're a new and better man
He help you to understand He does everything he can Doctor Robert


Hoy me ha preguntado Marina por qué tengo que ir tanto al dentista y le he dicho que a mis dientes les pasa un poco como a mí: que nuestra apariencia es mejor que lo que en realidad somos. Tendré que buscar al Doctor Robert, a ver si me da unas píldoras para ver el mundo de colores.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LOS PAPELES PÓSTUMOS DEL CLUB PICKWICK

Cada día me voy haciendo más perezoso con la lectura, me cuesta mucho leer un libro; más si es una novela de mil páginas. De vez en cuando caen en mis manos libros que se convierten en la excepción, como el "Pickwick" de Dickens. El libro me lo prestó el año pasado -año Dickens, por cierto-, una compañera de lecturas, y me ha debido de dar tal vergüenza tenerlo en casa tantos meses que, para devolvérselo cuanto antes, lo he devorado en un tiempo récord. Se devora porque el libro es divertidísimo y he reído sin parar durante casi todas sus páginas. En general, salvo en el capítulo XLI y sucesivos, que suceden en la cárcel y son más duros y oscuros, Dickens está en la cumbre de su sentido del humor; un humor que a ratos es físico, como de cine mudo: En la pág.  583, capítulo XXXII, después  de una juerga de alcohol en casa de Bob Sawyer, uno de los invitados y amigo suyo, Ben Allen, (que tendrá un papel importante en el resto de la novela, porque se opondrá a la boda de su...

DÍA DE FÚTBOL

Hoy es día de fútbol. Llueve en la ciudad y hay atascos por todas partes. A las siete de la tarde, la gente abandona en masa los edificios de oficinas y se encamina en tropel a las bocas de metro y a las paradas de los autobuses. Hoy es día de fútbol. Siempre tenemos la esperanza de que nuestro equipo, en horas bajas, haga el partido del año y nos resarza de la terrible temporada que está haciendo. Hoy es día de fútbol. Había revuelo en el trabajo por la tarde. He visto a Marina pasar por delante de mi mesa, pero la he ignorado. Ella no ha hecho ademán de acercarse ni me ha saludado. Hoy es día de fútbol. Los miércoles jugamos un partido entre los compañeros al mediodía. Le dije una vez a Marina que viniera a vernos (verme) jugar y me miró como si fuera un extraterrestre recién llegado del planeta Urano. Después del partido, volvemos hambrientos y cansados, pero muy felices, con ataques de risa tonta y una extraña sensación de falsa camaradería y exaltación de la amistad, seguramente p...

ANOTHER DAY

Llego a casa. Son las nueve y media. Dejo las llaves en la consola del recibidor. Me quito el abrigo y lo cuelgo en el gabanero. Voy al dormitorio. Pulso el interruptor, pero no hay luz. Se me ha vuelto a olvidar comprar una bombilla. Me muevo a tientas por el cuarto y enciendo la luz de la mesilla. Abro el zapatero. Me siento en la cama. Me quito un zapato. Le coloco un perno. Me quito el otro y le coloco otro perno. Guardo el par en el zapatero. Lo cierro. Me quito los calcetines. Los tiro en un rincón. Abro el armario. Me quito la chaqueta. Descuelgo una percha, abrocho la chaqueta y la cuelgo en la zona del armario destinada para las chaquetas. Me desabrocho el cinturón y me lo quito. Lo cuelgo en la percha para cinturones. Me desabrocho los pantalones. Abrocho la cremallera y los botones, los doblo por la raya y los cuelgo en una percha especial para pantalones. Cuelgo la percha en la zona del armario destinada a los pantalones. Desanudo la corbata. La cuelgo en la percha de las c...

COMO UN MOTOR DE AVIÓN, ENRIQUE JARDIEL PONCELA

Hoy, 15 de octubre de 2019, día de santa Teresa, se cumplen 118 años del nacimiento del escritor madrileño Enrique Jardiel Poncela. He disfrutado con la lectura de Como un motor de avión: Biografía literaria de Enrique Jardiel Poncela . Llegué a Jardiel en el verano de 1984, cuando descubrí en la biblioteca de mis tías de Burgos El libro del convaleciente , que acabaron regalándome; creo que nunca antes me había reído tanto. Desde entonces, he sido un firme defensor de su obra y he tenido que batirme en ocasiones con quienes le consideran un escritor menor o desprecian sus obras teatrales como "comerciales". El libro de Juan Carlos Pueo es para fanáticos como yo, a los que no les arredran sus ¡781 páginas!, sino que las devoran con fruición, a la espera de descubrir facetas de nuestro ídolo que no habían sido divulgadas antes y recreándonos en historias que ya conocíamos. En estos tiempos en que proliferan los escritores (como dice un amigo mío: "Ahora todo el mundo publ...