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PROPAGANDA ELECTORAL

En los últimos dos meses, hemos sido bombardeados por los partidos políticos con propaganda electoral, lo que no dice mucho en su favor sobre la defensa del medio y el ahorro de recursos. Solo si me propusieran algo diferente podría olvidar el gasto, pero me temo que los mensajes de la correspondencia recibida para las elecciones del 26 de mayo no difieren de los que ya recibí para las del 28 de abril o de las de años anteriores. Solo las caras. Los mismos perros con distintas correas.

Para mí, la única diferencia frente a votaciones anteriores es que AHORA SÍ no tengo ninguna duda del colegio electoral que me corresponde. Es más aburrido, porque ya no vivo las jornadas electorales como una yincana, pero tengo más tiempo libre. Mis lectores asiduos recordarán que el colegio electoral que me corresponde no está cerca de mi vivienda actual, ya que sigo empadronado en la anterior. (Les animo a leer NOCHE ELECTORAL). No podré excusarme en el mal tiempo para no ir a votar, ya que para mañana se prevé un tiempo estable con cielos poco nubosos o despejados. Una de las últimas elecciones amenazaba lluvia, acabó repercutiendo en la intención de voto.

La gran duda para mí sigue siendo a quién votar. Dada mi irrenunciable incapacidad para decidirme por alguno de los candidatos en liza, este año estoy sopesando votar al que haya enviado menos basura en su propaganda electoral.

Por el momento, mi favorito es el ingenioso y reciclable sobre de Ciudadanos que lleva dentro la papeleta con la candidatura al Parlamento Europeo:



Claro que para las elecciones a la Comunidad de Madrid y a la Alcaldía, así como las generales del 28 de abril habían optado por un sobre de celofán, con las tradicionales cartas, sobres y papeletas.
La duda es si son realmente de celofán ya que, aunque cuando se inventó este material provenía de la celulosa, con el tiempo este término se ha generalizado y se utiliza para cualquier película plástica similar a él. Me temo que en la actualidad la mayoría de lo que llamamos celofán es en realidad polipropileno. La diferencia se nota al romperlo: el celofán lo hace como el papel; por el contrario, al intentar romper el polipropileno, se deforma como el plástico. No parece muy ecológico el envío de propaganda electoral de Ciudadanos.


También el sobre de Unidas Podemos para las elecciones europeas es así, pero para las generales, me envió una carta, demasiado larga, con la letra muy pequeña y que al segundo párrafo ya me aburrió. Solo la caricatura de Pablo Iglesias escribiendo la carta a mano captó mi atención:

Las cartas "personalizadas" del PSOE para las elecciones generales me llegaron al corazón. Al menos he visto tres modelos: a mí me recuerda lo diferente que es España ahora en comparación con el país en que crecí. A mi sobrino, que nació en una España donde ya no había miedo. A mi madre, no diré su edad, le dice que la juventud no se pierde mientras se siga luchando y creyendo en el futuro. ¡Qué conmovedor! Pero en las elecciones europeas, municipales y autonómicas no hay ningún aporte de creatividad: todas las cartas son iguales.

Izquierda Unida me gusta por su simplicidad: Un tarjetón sin sobre, dirigido a todos los residentes de mi casa. Interesante. También Actúa, la formación de Gaspar Llamazares, que yo creía retirado de la política, ha seguido el mismo formato.

El PP, me convence menos: el típico sobre con carta y papeletas. En las elecciones generales, al menos se molestaron en poner sus "diez mandamientos": las propuestas a las que se comprometen en caso de salir elegidos, que guardé para ver si las cumplen. Para el 26 de mayo, dos cartas: una para las europeas y otra para las municipales y autonómicas.

Más Madrid ha enviado un sobre para todos los residentes de mi vivienda, lo que es un ahorro.

En general, mucho gasto de papel y de energía, muchas agrupaciones políticas y pocas garantías de que los que ganen nos representen digna y eficazmente. Me temo que ni siquiera el impacto ecológico va a ayudarme en mi decisión de a quién votar mañana.

Lo que me resulta poco gratificante es que, después de todo el tiempo que ha pasado, volvamos a hablar de Francisco Franco, de las derechas y las izquierdas, de rojos y fascistas. Yo pensé que ya no quedarían franquistas, pero tampoco estalinistas. ¡Qué anticuado es todo eso! Quizá los falangistas sigan por ahí, algo del ayer, tan raros como una reunión de lánguidos poetas románticos. No sé cómo me extraño si ya escribí en su día que la historia se repite (ver HISTORY REPEATING).

Y por si todo esto os resulta muy deprimente, os animo a releer CÓMO VOTAR POR CORREO. Este año también mi oficina de correos estaba a tope, como entonces.

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