Ahora que empezamos un nuevo año, es el momento de los buenos propósitos. Yo tengo uno, al menos: ir más al cine. He ido a ver mi primera película: The Holiday, una terrible decepción, como me ha venido ocurriendo últimamente cada vez que he ido al cine: el guión es flojo y los diálogos, muy malos; lo único que la salva es lo guapísima que está Cameron Diaz. Está tan guapa y tiene unos primeros planos tan impresionantes, que dan ganas de lanzarse a la pantalla a comérsela. Además está acompañada de Jude Law, que debe de ser, junto con Brad Pitt, el actor más guapo del panorama actual. La pena es que esas escenas de amor, en las que están tan guapísimos los dos, donde todo es romance y pasión, se digan tonterías: tópicos y lugares comunes sobre el amor, el compromiso y los lazos afectivos, mal expresados y burdamente hilvanados. Cuando leo malos textos en una novela de éxito o escucho malos diálogos en una película bien valorada, siempre lo achaco a la mala traducción, no al original. Creo que ningún traductor podría haber traducido nada tan malo sin rubor.
Cada diciembre me leo con fruición los horóscopos para el año siguiente: siempre todos me auguran un futuro feliz y triunfos en el amor y en el trabajo. Hace un tiempo, decidí conservar algunas de esas revistas e ir comprobando mes a mes cómo se equivocaban en las predicciones. Un año de estos voy a poner una denuncia a los falsos astrólogos, por infundir en nosotros ideas de mejora y de felicidad que luego nunca acontecen. Para este enero, los astros me auguran “buenas relaciones, afectos sinceros, romance, éxitos; situaciones que generan procesos afortunados en cuanto a crear, disfrutar de la vida y expresar al resto del mundo tu inteligencia y el talento natural que tienes para aspectos diversos.”
En fin, yo me conformo con asistir a conciertos apoteósicos como los que pusieron el broche al año 2006: ración doble de la sinfonía "Júpiter" de Mozart y varias sinfonías de Sostakovich, un compositor que cada día aprecio más, pero que cada vez me tiene más intrigado como persona. ¡Qué angustia de vida debió de llevar en la Rusia estalinista! Y “Los Planetas” de Holst, con la que me dan unas ganas locas de volver a ver la trilogía de las galaxias.
Antes del inicio de cada concierto, cuando todos los profesores han tomado asiento y el concertino ha echado una mirada asesina al patio de butacas para que se calle, la megafonía nos recuerda que apaguemos nuestros telefónos móviles. Hay momentos en que sueño con coger el micrófono y añadir que no se puede toser ni hacer ruidos; que hay que evitar moverse e intentar permanecer quieto en la butaca y no impedir la visión del escenario a los espectadores de detrás. Pero eso hay que traérselo de casa y se ha tenido que aprender desde pequeño. He visto y oído de todo durante un concierto: desde un hombre que, después de torturarnos desenvolviendo leeennntttaaaammmeeeennnntteeee un caramelo, se puso a juguetear con el papelito de manera inadvertida durante un solo de violín; hasta una mujer que, en mitad de una obra, se puso a buscar las llaves de casa en un bolso atestado de cosas, que fue sacando una a una ante nuestra mirada irritada.
Uno piensa siempre que los que asisten a espectáculos “cultos” se comportan mejor, pero no es así. He tenido sentadas en la butaca de delante a personas que no han parado de moverse y que me han impedido ver muchos conciertos. Ya sé que lo importante es escuchar, pero mi butaca no es de “visibilidad reducida” (que las hay) y cuando no veo al director o a la orquesta entera me entran ganas de reclamar parte del dinero de la entrada.
También sueño con hacer un examen médico a los asistentes antes de cada concierto: tomarles la temperatura, ver si tienen mocos, mirar su garganta y auscultarles, a ver si están en buena forma para no toser, estornudar o sonarse la nariz. Y con unos acomodadores plenipotenciarios, que nos cacheen a la entrada y castiguen y peguen y expulsen a los infractores sonoros. Aunque reconozco que es divertido, entre pieza y pieza, escuchar al coro de toses reprimidas, como un concierto paralelo de tísicos.
Por el momento, mientras llega esa época de terror, me conformo con mirar a la acomodadora de los impares, melena pelirroja y rizada, minifalda y piernas larguísimas, y me imagino que ella me devuelve la mirada en la oscuridad mientras escuchamos al solista arrobados por la emoción.
Creo que estoy enamorado de
Light of love, Won't you shine on me,
Light of love Won't you burn it for me
The light of love It won't shine for me, yeah
Won't you let it shine The light of love
Won't you let it burn The light of love
Won't you shine for me, The light of love
Comentarios
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