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LA CARTERA

El sábado quedé a comer con unos amigos y fuimos a un pueblo de la sierra donde nos gusta perdernos de vez en cuando. Cuando fui a pagar, no tenía la cartera. La buscamos infructuosamente y desanduvimos el camino recorrido en vano. Cancelé todas las tarjetas de crédito y débito por teléfono y me fui a casa, aburrido de ver que, como de costumbre, un día tan prometedor terminaba de una manera tan abrupta. Ayer recibí una llamada del Servicio de Atención al Empleado de mi empresa: una señora llamada Isabel había contactado con ellos para decirles que encontró mi cartera el sábado. Me dieron su teléfono móvil y la llamé. Me dijo que debió de encontrarla nada más perderla, porque aparentemente no faltaba nada, incluído el dinero. La había encontrado donde aparcamos el coche. El único teléfono que había encontrado era el que aparece en mi tarjeta de empresa, al que se puede llamar en caso de pérdida. Pensaba enviármela por correo, pero yo insistí en acercarme donde se encontrara ella, si no...