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THE ENGLISH ROSE

No matter where I roam I will come back to my english rose For no bonds can ever tempt me from she Me gustan los rosales, en especial los de mi jardín. Mi ex suegro me enseñó a cuidarlos: la poda, cómo hacer que florezcan durante toda la estación, cómo conseguir que no pierdan humedad. Mi suegro murió hace unos años, pero yo siempre le llevo en mi corazón, en especial en verano, mientras cuido mis rosales. En buena lid, los rosales no son míos, sino de mis padres, o de la casa. Debieron de plantarlos ellos, o mis tíos o mis abuelos, quién se acuerda. Lo asombroso es que siguen en el jardín. Nadie les hace caso durante nueve meses al año. Nadie los riega, salvo la lluvia o el rocío. No los podamos cuando corresponde. No los abonamos. Cuando a partir de junio la casa vuelve a estar habitada, empiezan a florecer -su bienvenida-, como si les fuera la vida en ello, rosas alucinantes, una tras otra, una fábrica de producción en cadena. Son unos rosales tan viejos y tan feos, de tronc...

SUMMER DREAMS

Cuando uno se despierta con la radio y escucha inconscientemente las noticias, éstas adquieren un carácter irreal, como de pesadilla. Esta mañana ha sido un atentado en el que han muerto siete personas: al leer la noticia en la prensa, pienso que mis peores sueños se han materializado. El verano hace surgir carne por doquier. Carne joven y tersa, brillante y estimulante. Y también carne basta, lorzas que escapan de las ceñidas camisetas, pechos inmensos que desbordan raquíticos sujetadores. El metro en hora punta me impele a restregarme en esas tetas fellinianas, las venas a punto de estallar, y me asombro como un lactante crecidito de su volumen y sueño con que inundarán de leche el vagón.