
Simpática. Olvidable, también. Prescindible, si queréis, aunque sí, me animo a recomendarla como desintoxicación tras la lectura de obras sesudas, con tramas ininteligibles, grandes pasiones, más de quinientas páginas, experimentos lingüísticos, corrientes de conciencia o autoexploración del yo. También la recomiendo como lectura de vacaciones al borde de la piscina, o durante un viaje en avión o en el metro. Reconozco que tiene momentos divertidos.
La novela está narrada en primera persona por el protagonista, Donald Tillman, con un lenguaje sencillo y en ocasiones seco, en particular los diálogos con los escasos personajes que habitan la obra y que muestran el reducido número de relaciones sociales que mantiene el personaje. Además de dotar de cercanía y de verosimilitud al texto, la primera persona permite al lector asistir como espectador asombrado y divertido a sus faltas de tacto, meteduras de pata, respuestas directas sin filtros y participar en las estrictas normas de vida que el personaje sigue escrupulosamente.
A estas alturas del siglo XXI estamos más que acostumbrados a personajes diferentes —en el siglo pasado habríamos dicho “raros”—, tanto en la literatura como en el cine o en televisión, por lo que el de Don, profesor adjunto de Genética en la Universidad de Melbourne, con aparentes signos de asperger, carece de la capacidad de sorprendernos. La mayor novedad para mí, quizá, es el origen de la novela, porque no he leído mucha literatura australiana, que recuerde, salvo Picnic en Hanging Rock, que reseñé en 2015, o Siete chicos de Australia, que leí con ocho años. Hoy decir que los demás son “raros” se considera un insulto, pero la diferencia es un atributo deseable por la sociedad; de hecho, gran parte de la literatura y de la publicidad se basa en las frases “sé tú mismo”, “diferénciate del resto”, bien sea comprando un coche o siguiendo a un grupo musical. La mayoría de nosotros nos consideramos diferentes y presumimos de no hacer lo que hacen los demás. No nos damos cuenta de que el coche que nos va a diferenciar lo han comprado miles como nosotros y que acabamos mimetizándonos con los demás en viajes o maneras de vestir. Tanto esfuerzo por vivir la diferencia nos iguala a todos. Parece que los antiguos “normales” escasean y pronto pasarán a la categoría de “raros”, como las aves en peligro de extinción.
Los personajes autistas se pusieron de moda hace años con películas y series, y hemos conocido matemáticos, doctores, documentalistas y físicos teóricos. Creo que fue positivo mostrarlos al público general, lo que contribuyó a que se comprendiera mejor a las personas con espectro autista. Normalmente la ficción nos muestra casos menos severos de autismo o asperger y, como ocurre en esta novela, transmite el mensaje, quizá engañoso, de que con el trato social, la aceptación por los demás y el cambio, la vida de los personajes autistas puede ser menos traumática.
Lo que no comparto es la creciente obsesión de algunos, que en su fuero interno creen tener una mente maravillosa, por autoproclamarse autistas o asperger. En muchos casos no son tan inteligentes como piensan y sí carecen de habilidades sociales, les sobra mala educación o acarrean heridas afectivas. Me temo que es una trivialización similar a la que ocurrió con la depresión, cuando había personas que ante cualquier contratiempo se decían "deprimidas".
Por lo demás, la novela es la clásica historia romántica del cliché chico conoce a chica y las vicisitudes hasta que el amor ¿triunfa? ¡Quién sabe! El autor nos envía los mensajes contradictorios de que el amor debe aceptarnos como somos y de que es necesario el cambio para ser amados. ¿En qué quedamos?
EL PROYECTO
ESPOSA
Colección “Narrativa”
Salamandra
Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.
Barcelona
2013
315 páginas
ISBN 978 84 9838 554 0
Colección “Narrativa”
Salamandra
Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.
Barcelona
2013
315 páginas
ISBN 978 84 9838 554 0
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