En noviembre se cumplirán cincuenta años de la publicación de Las manzanas de Agatha Christie (cuyo título original es Hallowe'en Party), del detective Hércules Poirot, en la que cuenta con la colaboración de su amiga Ariadne Oliver, escritora de novelas de misterio. La Sra. Oliver está de visita en casa de una amiga en la víspera de Halloween. Durante los juegos que se han preparado para diversión de los niños y jóvenes del vecindario, Joyce Reynolds, de trece años, aparece ahogada en el barreño preparado para el juego "manzanas en el agua", cuyo propósito es conseguir atrapar con la boca, y sin ayuda de las manos, el mayor número de estas frutas que flotan en ella. Curiosamente, esa misma tarde cuando los invitados a la fiesta cuentan historias de miedo, Joyce había presumido de haber presenciado un asesinato. Ariadne contacta con Poirot para que resuelva el caso.
Aunque el comienzo es prometedor, el lector descubre pronto que Las Manzanas no es una de las novelas más logradas de Agatha Christie, sino muy floja: los personajes están desdibujados, quedan cabos sueltos al final y para 1969 es un libro anticuado. Pero no puedo poner ninguna pega a Christie por una mala novela dentro de su larga carrera de éxitos. Además, ¿cómo echarle en cara la mala factura de un libro dedicado a mi adorado P.G. Wodehouse?: "To P. G. Wodehouse — whose books and stories have brightened my life for many years. Also, to show my pleasure in his having been kind enough to tell me he enjoyed my books." Parece que la admiración era mutua. También a mí, como a Christie, Wodehouse ha iluminado mi vida, cuando mi espíritu no se encontraba en sus mejores momentos, no solo con su humor fino, sino también con el de simple y pura carcajada.
Es triste ver al personaje de Poirot envejecido y cansado, parece una reliquia del pasado. Se empeña en seguir vistiendo según su estricto (y cuestionable) código personal. Ariadne le reprocha que no haya prescindido de sus eternos zapatos de charol cuando salen en busca de pistas por el campo. "Rebasados los cincuenta, digamos, la comodidad es lo único que interesa.", le espeta; frase con la que coincido y que he incorporado a mi repertorio. La elegancia genuina consiste en saber adaptar la vestimenta a la actividad que se va a realizar, sin perder el estilo propio y sin invertir grandes cantidades de tiempo y dinero en el intento. Esta vez Ariadne Oliver ha acertado. No iba a tener Poirot la razón siempre.
Las manzanas,
pág. 464, capítulo 18, en:
Obras completas de Agatha Christie, Volumen 7
Colección Grandes Maestros del Crimen y Misterio
Ediciones Orbis,S.A.
Barcelona, 1987
pág. 464, capítulo 18, en:
Obras completas de Agatha Christie, Volumen 7
Colección Grandes Maestros del Crimen y Misterio
Ediciones Orbis,S.A.
Barcelona, 1987
Comentarios