Mary Lampson aparece muerta en el canal del
río Marne y el inspector Maigret viaja a la ciudad de Dizy, que siempre está
gris y donde no para de llover, a investigar el caso. Allí descubre los canales
del río, el transporte fluvial, las gabarras y los turnos que tienen que hacer
los barcos para pasar las esclusas. Ni el inspector ni el lector entienden nada
de eso y tienen que aprenderlo a la carrera, para poder llegar al fondo del
asunto. Con perseverancia y método, Maigret hace un seguimiento exhaustivo de
los barcos a lo largo del canal, hasta que comprende en qué orden han navegado
el día del asesinato y cómo se han ido superando unos a otros en la fila. Recorre
con paciencia los barcos, las gabarras, las esclusas y los bares y tabernas del
camino, adelantando a unos, retrocediendo sobre sus pasos. Es asombroso el aguante de Maigret en su recorrido bajo la lluvia por el canal, de una esclusa a otra,
en bicicleta.
El ambiente que nos presenta Simenon en
esta novela es muy denso y lo describe con tal detalle que podemos imaginarlo
con todos nuestros sentidos. La lluvia y la humedad del ambiente; los objetos
se nos muestran mojados. Nos presenta los sonidos de los barcos y las sirenas,
el olor del alquitrán y de las cuadras, el calor animal de los caballos que
tiran de las gabarras. La suciedad y la sordidez sobrevuelan el canal y sus
alrededores. Se plantea una contraposición
entre los que viajan por el río por trabajo, transportando cosas, y los yates
de los ricos que transitan el canal por ocio. Todo
escrito en párrafos cortos, la mayoría, de una única y larga frase.
El arriero del título no aparece hasta el capítulo 3 “El
collar de Mary”, donde no llegamos a saber si es un bruto, que no
entiende las cosas, casi un hombre animalizado, o si sufre algún retraso. Hay
algo oculto o sospechoso en él. Solo al final del libro, en el capítulo 9, conocemos
quién es en realidad el arriero de “La Providence”, Jean Darchambaux.
Entre los barcos de carga se encuentra el yate donde viajaba la víctima, el “Southern Cross”, cuyos pasajeros y tripulantes se divierten
bebiendo sin parar y practicando una suerte de amor libre. Maigret se siente
incómodo allí, en particular en presencia de uno de sus tripulantes, Willy, pero también la mirada del
coronel Lampson, esposo de Mary, le inquieta. La vida del coronel es algo turbia: su primera
mujer murió en la India (pero está enterrada cerca de Lima ¿?), viaja con una
amante extranjera y su segunda mujer aparece asesinada.
Maigret no es un detective de efecto, sino de método: va de
un lado a otro, mira, pregunta. En el fondo, no le importa tanto quién es el
asesino, sino cuáles han sido sus motivos. Solo cuando comprende la naturaleza
del crimen puede conectar los dos mundos que ha conocido en el canal: el de la gente trabajadora del río y
el de los ricos, del que parece provenir Mary Lampson. Con el caso resuelto, Maigret y el lector intentan entender cuándo el asesino perdió su condición de hombre, pero a la vez, les perturba la deshumanización de los otros personajes,
en particular del coronel Lampson, que ha llegado a ella a través de la bebida
y de la soledad.
EL ARRIERO DE “LA PROVIDENCE” (LOS CASOS DE MAIGRET)
Georges Simenon
Narrativa del Acantilado, 254
Acantilado
Acantilado
Quaderns Crema, S.A.U.
Barcelona, 2015
136 páginas.

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