Trifulca
a la vista
Nancy
Mitford
Libros
del Asteroide nº 92
Barcelona,
2011
Después
de haber leído sus otros libros, terminar "Trifulca
a la vista" ha sido una decepción. En Las hermanas Mitford, de Annick Le Floc’hmoan (Circe Ediciones, 2003) se cuenta la vida de estas sorprendentes mujeres y su papel en la Inglaterra de entreguerras, así como
el origen de la escritura de la novela, y me había imaginado que la sátira de
Nancy Mitford sobre el fascismo sería sutil y llena de encanto
típicamente británico, pero lamentablemente, no ha sido así. Para mí se trata de una obra menor que desmerece de sus otras obras, deliciosas y con fino humor inglés. Es comprensible
que su autora se negara durante años a su reedición. Casi todas las críticas y
los comentarios dicen que por la controversia familiar. No llega a ser una sátira, solo una moderada burla que termina en confusión. Quizá las
páginas de crítica a su cuñado nazi que borró debían de ser las importantes para mantener el interés de la novela. Por desgracia, esas páginas no están aquí.
A
mí por lo menos no me ha hecho sonreír, aunque el primer capítulo es
prometedor, como en las novelas "Amor
en clima frío" y "A la caza del amor", o una de Evelyn Waugh o de Woodehouse, incluso, y me animó a
seguir leyendo: unos jóvenes de clase alta, arruinados, Noel
Foster y Jasper Aspect, viajan a Chalford, con la
intención de conquistar a una de las más ricas herederas de Inglaterra, Eugenia
Malmais, y medrar en la vida gracias a un matrimonio ventajoso. El segundo
capítulo me hizo preguntarme si merecía la pena seguir leyendo, porque ninguno
de los personajes me parecía lo suficientemente atractivo para amarlo o
admirarlo. Me parecen planos y muy poco divertidos.
Noel
Foster es un completo memo que intenta pasar por libertino y vividor y
aprovecharse de las mujeres, pero carece de encanto o de atractivo. Es el
clásico primo al que cualquier timador, como Jasper Aspect, puede engañar. Noel
se cree listo, pero es avaro y los avaros son presas fáciles para caer en las
trampas de los timadores, porque quieren siempre más. Jasper Aspect se le
pegará como un perro de presa y no conseguirá darle esquinazo en toda la novela
y, mientras Jasper despierta simpatías por donde va, todo lo contrario ocurre
con Noel.
Jasper
Aspect, el carota, no es encantador, como suelen serlo los pícaros de las
novelas o de las películas, lo que nos lleva a adorarlos, aunque sepamos que
son unos interesados y unos egoístas. A mí, en particular, no me ha hecho
gracia. Si el "malo" suele ser muy atractivo, Jasper carece
totalmente de él. Además, abraza temporalmente la causa unionista en la
creencia de que defenderá las antiguas tradiciones y de que evitará que las
casas bonitas, habitadas por mujeres bonitas, sean derribadas. Jasper lamenta
la falta de genialidad de su país cuando lanza su discurso sobre el
nacionalsocialismo: "No queda nada
grandioso, nada individual, nada que pueda hacer pensar a nadie que los
ingleses fueron antaño una raza magnífica, valiente, jovial y excéntrica."
(págs. 72 y 73, cap. 6). Pero, con su falta de seriedad, acaba pidiendo una
cerveza.
Lady
Chalford tiene esperanzas puestas en los recién llegados para encontrar marido
a su nieta Eugenia, que solo es una jovencita muy tonta, con poco carácter,
carente de interés y de profundidad para el lector y cuya única característica
digna de mención es ser seguidora del partido nazi inglés, el partido
unionista. Desde el capítulo segundo, se nos convierte en un personaje
antipático, igual que Noel o que Jasper. Eugenia es una fanática a la que nadie
tiene en cuenta. Todo el mundo considera sus arengas como chifladuras propias
de la juventud, igual que nadie tomó en cuenta al partido nazi en Europa,
mientras Hitler se hacía fuerte. Pero, igual que al principio de la novela los
camisas tricolores son pacíficos (agarran "cada
uno una mano a Nanny, la acompañaron hasta un banco cercano" (pág.
17, cap. 2), luego serán, junto con Eugenia, los causantes de la trifulca del
título.
Pronto
Jasper y Noel se dan cuenta de que la "niña" Eugenia, que por la
tarde iba a comprar chocolatinas, desde el capítulo dos se manifiesta como una
virgen consagrada al partido y no va a casarse con ninguno de los dos. Entonces
tienen que cambiar de estrategia y buscar otras candidatas, lo que no es muy
edificante por su parte, pero ninguno de los personajes de la novela es un
ejemplo de virtudes. Una de ellas es Poppy Saint Julien, alias la señorita
Smith, que ha abandonado a su marido Anthony, pero no piensa divorciarse de él
porque carece de recursos económicos propios. Es prima de Eugenia y termina
abrazando la causa unionista porque cree que las mujeres no deben trabajar ni "preocuparse nunca de nada, excepto de arreglar
las flores (…)." (pág. 56, capítulo 5). La otra es Lady Marjorie
Merrith, que ha huido el día de su boda, no hace nada por mezclase con la gente
de Chalford y su única ocupación es darse cremas y descansar.
Como
lector, no me gustan los protagonistas que no aprenden nada durante el
transcurso de una novela y, al final de esta, Noel vuelve al punto en que le
hemos conocido: sin dinero y engañado, creyendo que ha sido afortunado por
librarse de la señora Lace, una enamorada muy pesada, a su entender, pero que
los lectores sabemos que también se había cansado de él. No ha sido capaz de verse a sí mismo ni de
conocerse y sobrestima sus posibilidades y capacidades. El lector sabe desde el
principio de la novela que Noel tenía que haberse conformado con la herencia
recibida y haber llevado una vida apacible y sencilla. "Lo más estúpido que puede hacer un chico pobre que acaba de
recibir la noticia de una jugosa aunque moderada herencia es llamar a Jasper
Aspect." (pág. 8, cap. 1). Con esta frase se resume toda la
historia de Noel. Lo que le pierde es su avaricia: no le basta con el dinero
que ha cobrado; quiere conquistar a una joven rica.
La
novela es tolerable hasta el capítulo 8: es entretenida y parece que va a pasar
algo, pero a medida que avanzan los capítulos, el embrollo se convierte en un
rollo y el final es precipitado y descuidado.
No todo
ha sido decepcionante para mí y hay momentos memorables, como los diálogos tan
típicamente británicos sobre el amor, las infidelidades, el matrimonio y la
sociedad (la conversación entre Poppy y Marge, cap. 7). Frases como "Me
he acostumbrado a estar enamorada de él, y ya sabes cómo cuesta cambiar de
costumbres," (pág. 78). Los aldeanos que le preguntan a Eugenia
cómo está su señoría de la alergia cuando ésta les anima a hacer alguna
pregunta tras su discurso; unos aldeanos que ya pagan "a lady Chalford para financiar al Partido Conservador (…); no
veían por lo tanto razón alguna para que la familia Malmains se tragara más
dinero (…)" (pág. 20). La visita al manicomio de los lores, que es igual que
la cámara (Capítulo 12). O los cursis intelectuales amigos de la señora Lace,
que parecen propios de una de las novelas de Mapp
y Lucia o de Flora Poste y los artistas. Al fin y al cabo, Nancy Mitford es una fina humorista y nada escapa a su ironía para provocarnos la risa.
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