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TRIFULCA A LA VISTA de Nancy Mitford


Después de haber leído sus otros libros, terminar "Trifulca a la vista" ha sido una decepción. En Las hermanas Mitford, de Annick Le Floc’hmoan (Circe Ediciones, 2003) se cuenta la vida de estas sorprendentes mujeres y su papel en la Inglaterra de entreguerras, así como el origen de la escritura de la novela, y me había imaginado que la sátira de Nancy Mitford sobre el fascismo sería sutil y llena de encanto típicamente británico, pero lamentablemente, no ha sido así. Para mí se trata de una obra menor que desmerece de sus otras novelas, deliciosas y con fino humor inglés. Es comprensible que su autora se negara durante años a su reedición. Casi todas las críticas y los comentarios dicen que por la controversia familiar. No llega a ser una sátira, solo una moderada burla que termina en confusión.  Quizá las páginas de crítica a su cuñado nazi que borró debían de ser las importantes para mantener el interés de la novela. Por desgracia, esas páginas no están aquí.

A mí por lo menos no me ha hecho sonreír, aunque el primer capítulo es prometedor, como en las novelas  "Amor en clima frío" y "A la caza del amor", o una de Evelyn Waugh o de Wodehouse, incluso, y me animó a seguir leyendo: unos jóvenes de clase alta, arruinados, Noel Foster y Jasper Aspect, viajan a Chalford, con la intención de conquistar a una de las más ricas herederas de Inglaterra, Eugenia Malmais, y medrar en la vida gracias a un matrimonio ventajoso. El segundo capítulo me hizo preguntarme si merecía la pena seguir leyendo, porque ninguno de los personajes me parecía lo suficientemente atractivo para amarlo o admirarlo. Me parecen planos y muy poco divertidos.

Noel Foster es un completo memo que intenta pasar por libertino y vividor y aprovecharse de las mujeres, pero carece de encanto o de atractivo. Es el clásico primo al que cualquier timador, como Jasper Aspect, puede engañar. Noel se cree listo, pero es avaro y los avaros son presas fáciles para caer en las trampas de los timadores, porque quieren siempre más. Jasper Aspect se le pegará como un perro de presa y no conseguirá darle esquinazo en toda la novela y, mientras Jasper despierta simpatías por donde va, todo lo contrario ocurre con Noel.

Jasper Aspect, el carota, no es encantador, como suelen serlo los pícaros de las novelas o de las películas, lo que nos lleva a adorarlos, aunque sepamos que son unos interesados y unos egoístas. A mí, en particular, no me ha hecho gracia. Si el "malo" suele ser muy atractivo, Jasper carece totalmente de él. Además, abraza temporalmente la causa unionista en la creencia de que defenderá las antiguas tradiciones y de que evitará que las casas bonitas, habitadas por mujeres bonitas, sean derribadas. Jasper lamenta la falta de genialidad de su país cuando lanza su discurso sobre el nacionalsocialismo, en el capítulo 6, págs. 72 y 73:
 No queda nada grandioso, nada individual, nada que pueda hacer pensar a nadie que los ingleses fueron antaño una raza magnífica, valiente, jovial y excéntrica.
 Pero, con su falta de seriedad, acaba pidiendo una cerveza.

Lady Chalford tiene esperanzas puestas en los recién llegados para encontrar marido a su nieta Eugenia, que solo es una jovencita muy tonta, con poco carácter, carente de interés y de profundidad para el lector y cuya única característica digna de mención es ser seguidora del partido nazi inglés, el partido unionista. Desde el capítulo segundo, se nos convierte en un personaje antipático, igual que Noel o que Jasper. Eugenia es una fanática a la que nadie tiene en cuenta. Todo el mundo considera sus arengas como chifladuras propias de la juventud, igual que nadie tomó en cuenta al partido nazi en Europa, mientras Hitler se hacía fuerte. Pero, igual que al principio de la novela los camisas tricolores son pacíficos (agarran "cada uno una mano a Nanny, la acompañaron hasta un banco cercano" (pág. 17, cap. 2), luego serán, junto con Eugenia, los causantes de la trifulca del título.

Pronto Jasper y Noel se dan cuenta de que la "niña" Eugenia, que por la tarde iba a comprar chocolatinas, desde el capítulo dos se manifiesta como una virgen consagrada al partido y no va a casarse con ninguno de los dos. Entonces tienen que cambiar de estrategia y buscar otras candidatas, lo que no es muy edificante por su parte, pero ninguno de los personajes de la novela es un ejemplo de virtudes. Una de ellas es Poppy Saint Julien, alias la señorita Smith, que ha abandonado a su marido Anthony, pero no piensa divorciarse de él porque carece de recursos económicos propios. Es prima de Eugenia y termina abrazando la causa unionista porque cree que las mujeres no deben trabajar ni "preocuparse nunca de nada, excepto de arreglar las flores (…)." (pág. 56, capítulo 5). La otra es Lady Marjorie Merrith, que ha huido el día de su boda, no hace nada por mezclase con la gente de Chalford y su única ocupación es darse cremas y descansar.

Como lector, no me gustan los protagonistas que no aprenden nada durante el transcurso de una novela y, al final de esta, Noel vuelve al punto en que le hemos conocido: sin dinero y engañado, creyendo que ha sido afortunado por librarse de la señora Lace, una enamorada muy pesada, a su entender, pero que los lectores sabemos que también se había cansado de él.  No ha sido capaz de verse a sí mismo ni de conocerse y sobrestima sus posibilidades y capacidades. El lector sabe desde el principio de la novela que Noel tenía que haberse conformado con la herencia recibida y haber llevado una vida apacible y sencilla. "Lo más estúpido que puede hacer un chico pobre que acaba de recibir la noticia de una jugosa aunque moderada herencia es llamar a Jasper Aspect." (pág. 8, cap. 1). Con esta frase se resume toda la historia de Noel. Lo que le pierde es su avaricia: no le basta con el dinero que ha cobrado; quiere conquistar a una joven rica.

La novela es tolerable hasta el capítulo 8: es entretenida y parece que va a pasar algo, pero a medida que avanzan los capítulos, el embrollo se convierte en un rollo y el final es precipitado y descuidado. 

No todo ha sido decepcionante para mí y hay momentos memorables, como los diálogos tan típicamente británicos sobre el amor, las infidelidades, el matrimonio y la sociedad (la conversación entre Poppy y Marge, cap. 7).  Frases como "Me he acostumbrado a estar enamorada de él, y ya sabes cómo cuesta cambiar de costumbres," (pág. 78). Los aldeanos que le preguntan a Eugenia cómo está su señoría de la alergia cuando ésta les anima a hacer alguna pregunta tras su discurso; unos aldeanos que ya pagan "a lady Chalford para financiar al Partido Conservador (…); no veían por lo tanto razón alguna para que la familia Malmains se tragara más dinero (…)" (pág. 20). La visita al manicomio de los lores, que es igual que la cámara (Capítulo 12). O los cursis intelectuales amigos de la señora Lace, que parecen propios de una de las novelas de Mapp y Lucia o de Flora Poste y los artistas. Al fin y al cabo, Nancy Mitford es una fina humorista y nada escapa a su ironía para provocarnos la risa.

Su finura llega hasta resumir en el discurso de Eugenia (cap. 2) parte de lo que pensaban algunos británicos de su época, que encontraban agotado el sistema parlamentario y querían volver a una época anterior,  en la que Gran Bretaña era respetada e imperial y en la que los valores tenían un significado. Si alguno pensó que los nazis restaurarían Britannia, por suerte tuvieron su desengaño cuando Hitler tomó a Europa por la fuerza y pretendía tomar también su querida patria. Y eso es algo que ningún británico estaba dispuesto a permitir.

Trifulca a la vista
Nancy Mitford
Libros del Asteroide nº 92
Barcelona, 2011

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