Funny Girl, Nick Hornby (Anagrama, 2016)
He
leído los suficientes libros de Nick Hornby como para pensar que es un autor
que me gusta y suelo recomendarlo a los amantes de la cultura pop y la música o
a los que quieren novelas asequibles, tiernas y divertidas.
Sin
embargo, como las últimas novelas de Nick Hornby que he leído, "Funny Girl" no me ha gustado. Quizá tenía demasiadas expectativas: por el
título ("funny"), pensé que iba a ser divertida; por la época, los sesenta, que es una
de mis favoritas; por la trama sobre comedias televisivas de humor británicas,
de las que soy seguidor irredento. Pero ni la historia ni la protagonista me
han divertido. También pesaba el bagaje de muchas
horas de televisión tragadas desde niño y de recuerdos del show de Mary Tyler
Moore y de Carol Burnett, verdaderas "funny girls".
"Funny Girl" es la historia de Barbara Parker,
reconvertida para la televisión en Sophie Straw, de la llegamos
a saber poco, salvo que sueña con ser como Lucille Ball. Hornby nos muestra la
Inglaterra de los 60, donde la protagonista, recién coronada como miss
Blackpool, no se resigna a hacer lo que se espera de ella. El planteamiento es
prometedor: a pesar de su aspecto arrebatador, lo que le abocaría a convertirse
en la típica futura estrella de cine o televisión guapa y tonta, ella se rebela
de su sino y escapa, porque no quiere basar su carrera en ser sexi, sino en
hacer reír y se va a Londres, donde cree que podrá encontrar su oportunidad.
No me
basta con leer en una novela que un personaje es muy gracioso, si en ningún
momento el texto me demuestra que lo sea; tengo que confiar en la palabra del
narrador, que no nos pone ningún ejemplo de por qué es "funny". Si el
narrador lo sabe, no lo comparte con sus lectores y no hay ninguna muestra de
su talento, ni se cuenta ningún episodio completo de la serie que protagoniza,
ya que la narración se corta siempre al inicio de los episodios. No he podido
creer del todo que ella es divertidísima.
Barbara
no da muestras de serlo, ni de tener un gran talento y renuncia a tener su propia serie en la que sería la
protagonista, por lo que no termina de dar el gran salto de convertirse en la
nueva Lucille Ball. Mi impresión es
que en el fondo lo único que quiere es casarse con un hombre respetable y tener
una vida apacible e hijos.
Cuando empecé a
leer, pensaba en Mary Tayler Moore, tan moderna y rompedora. O en Carol
Burnett, tan graciosa, pero no vemos que Barbara Parker sea nada de eso.
Además, Barbara es una mujer curvilínea y voluptuosa, que, para los
"swinging sixties", es un tipo de mujer pasado de moda, porque las
que se imponen son las chicas delgadas y andróginas. Lamentablemente, me parece
que casi todos los personajes son bastante anticuados en su aspecto y
retrógrados y previsibles en sus comportamientos.
En mi
opinión, la novela no está bien construida y el argumento da bandazos; no va
cambiando de enfoque porque los personajes hagan diferentes aportes a
una novela coral, sino porque son tan planos y estereotipados que solo merecen un par de pinceladas, sin profundidad; parece que Hornby se cansa, como el lector, pronto de ellos y de su vida y prefiere que otro personaje continúe la historia. Ni el coprotagonista Clive ni el productor/director Dennis son lo suficientemente relevantes como para que me hayan interesado. La mayor parte de la novela se centra en la vida de los guionistas Tony y Bill y su incapacidad para escribir y es de los pocos momentos en los que
este pobrecito escritor se ha sentido mínimamente interesado por la historia. Porque ni
siquiera el relato de un Reino Unido en transición y lleno de contradicciones,
o las apariciones de Harold
Wilson o del mismísimo Jimmy Page, o las fotos intercaladas para dar más credibilidad al texto como crónica de los años sesenta, me han enganchado.

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