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VÍA REVOLUCIONARIA

Vía RevolucionariaVía Revolucionaria by Richard Yates
My rating: 5 of 5 stars

"Revolutionary Road" is a heartbreaking tale of unrest, not just a painting of 1950s American society. Anyone can be identified with the characters, their boredom and unrealized dreams.

Es un lacerante relato del desasosiego, no solo una pintura de la sociedad americana de los años cincuenta. Cualquiera puede verse identificado con los personajes, su hastío y los sueños no realizados.

A medida que iba leyendo la novela, me parecía que, en cierto modo, Yates había contado una parte de mi vida y encontraba ciertas frases, en particular las relativas a uno de los personajes protagonistas, Frank Wheeler, perturbadoras, reveladoras y muy en consonancia con mi propia historia; por eso creo que “Vía Revolucionaria” puede ser para algunos lectores, como lo ha sido para mí, un demoledor espejo donde contemplar sus miserias.

Frank Wheeler era un joven prometedor. Todo el mundo pensaba que era un intelectual, un pensador y él lo pensaba también. Frank creía que haría algo diferente en la vida, porque él era diferente. No sería un mero empleado en una boyante empresa, como su padre. Pero las circunstancias le obligan a cambiar y consigue un empleo en la misma empresa en la que trabajó su progenitor. Frank se encuentra con su amigo Sam, quien le creía en Europa, y Frank le revela que su mujer, April, está embarazada. Con su verborrea característica, Frank convence a Sam y se auto convence de que todo va a ir bien:


“(…); hay muchas maneras de enfocar una cosa así, Sam. Míralo de esta manera. Yo necesito un trabajo, muy bien. Pero eso no es la razón para que el empleo que me salga acabe conmigo. Mira, lo único que quiero es cobrar la pasta suficiente para mantenernos hasta finales del año que viene, hasta que decida qué voy a hacer. Mientras tanto quiero conservar mi identidad. Por consiguiente, lo que quiero evitar antes que nada es un trabajo que pueda considerarse “interesante” de por sí. Quiero algo que no me afecte. Busco una empresa grande, antigua, que lleve un siglo haciendo dinero sin apenas darse cuenta, donde tengan que contratar a ocho tíos para cada puesto porque no pueden esperar que a nadie le interese una mierda la aburrida actividad que se supone que deben realizar. Quiero entrar en un sitio así y decir: Muy bien. Os ofrezco mi cuerpo y mi sonrisa de estudiante simpático por equis horas al día a cambio de equis dólares, pero aparte de eso cada cual a lo suyo.”(Página 101).

Me parece escucharme a mí mismo, justificándome cuando acepté el trabajo, “sólo es temporal, hasta que encuentre otro mejor o pueda ganarme la vida escribiendo”, en el que el año pasado cumplí veinte años. Frank, como yo, consigue un empleo en una gran multinacional y ambos pensamos cuando aceptamos que aquello no nos atraparía, porque éramos diferentes:


“Todo empezó, pues, como una especie de broma. (Pág. 103) (…) Y lo mejor de la broma fue lo que sucedía cada tarde a las cinco. Impecablemente vestido y sonriendo entre el personal de Knox, despidiéndose con un gesto de cabeza cuando salía del ascensor, tomaba un autobús,” (me ahorro aquí el relato del viaje hasta su casa) “y allí estaba esperándole una chica hermosa y despeinada, tan diferente de cualquier esposa de trabajador de Knox como el apartamento lo era de cualquier domicilio de trabajador de Knox. (página 103). (…) Hacia el final del primer año la broma ya le había cansado, y el hecho de que los demás no le vieran la gracia le deprimía.” (Pág. 104).

Al cabo de un año, Frank, al hablar de su trabajo en el Departamento de Promoción de Ventas, sólo cuenta los “aspectos cómicos del empleo: la ridícula discrepancia entre sus propios ideales y los de Knox Business Machines, o la enorme brecha que se abría entre la cantidad de energía que debía de (sic) aportar a la empresa y la cantidad que realmente aportaba. ‘La ventaja de un sitio como Knox es que puedes desconectar cada mañana a las nueve y seguir así todo el día: nadie nota la diferencia’. (…) Más adelante, y sobre todo a partir de que se fueran a vivir al campo, había decidido evitar el tema siempre que le era posible, y ante la pregunta de a qué se dedicaba, solía responder que en realidad a nada; que tenía el empleo más aburrido que pudiera imaginarse.”(Página 104).
“(…) Otros quizá no le veían la gracia, pero Frank Wheeler se sentía imbuido de una secreta y austera fruición mientras desempeñaba sus perezosas obligaciones, andando por la oficina de un modo que últimamente se había vuelto casi habitual en él, si no verdaderamente característico, desde que su mujer lo describiera como "increíblemente sexy”: unos andares lentos, felinos, llenos de vanidad muscular, pero que expresaban un soñoliento desdén hacia la tensión o la prisa. (Página 103)

La evolución de Frank Wheeler es muy parecida a la mía y supongo que a la de muchos de los lectores. Es significativa la descripción de cómo Frank se toma su trabajo en Knox, de una manera tan displicente, que le hace sentirse diferente del resto de empleados. Así empecé a trabajar yo mismo: creía que aquel ambiente jamás me atraparía.

Cuando empieza la novela, Frank y April Wheeler han abandonado la gran ciudad y se han ido a vivir a las afueras, pero en seguida se dan cuenta de que aquella vida no es para ellos. April siente una insatisfacción que le hace plantearse acabar con su matrimonio. Sin embargo, ahora Frank se encuentra cómodo con su vida, ha aprendido a aceptarla sin sufrir en exceso e incluso ha nacido en él un sentimiento de pertenencia al lugar donde trabaja. Surge la confrontación entre los dos, las discusiones abundan y la insatisfacción ha anidado en ellos. Para resolverlo, aparece la palabra mágica “Francia”. Francia es la tarea pendiente que tenía Frank Wheeler, la imagen de su vida ideal; son los sueños abandonados y que todavía podrían intentar alcanzar. Francia significa el sacrificio de April y de los niños para que Frank se encuentre a sí mismo y consiga ser de una vez todo aquello que prometía haber sido. Francia supone, en resumen, la solución de todos sus problemas. Mientras April se implica a fondo en el proyecto del viaje a Francia, Frank duda.

Uno de los personajes secundarios de la novela es John Givings, el hijo de unos vecinos que está internado en un manicomio, porque es políticamente incorrecto para las normas sociales de los Estados Unidos en los años cincuenta. John Givings y los Wheeler llegan a ser “amigos”, ya que muchos de las opiniones de John las comparte el matrimonio, pero la diferencia entre John y los Wheeler, es que los Wheeler piensan como él pero siguen las normas de urbanidad establecidas y John no.


En nuestra sociedad ya no es extraño un personaje como John Givings. En realidad es un adelantado, un rebelde, un espíritu libre que no se quiere atener a las normas sociales, obsoletas y restrictivas de los pacatos cincuenta. Personajes así recorrerán el país durante los sesenta, diciendo lo que piensan, sin modales y sin querer pedir perdón a nadie por ser así. En la actualidad hay tantos John Givings, quizá más refinados, que ya nos hemos acostumbrado y nadie se molesta en tenerlos encerrados por no escuchar sus groserías. Pero en aquella época cualquier persona que no se atenía a las normas era considerada un loco de atar.


Sin embargo, cuando John se entera de que los Wheeler ya no se van a Europa, la amistad se rompe:


“Quiero decir, vale, está preñada. Pero ¿y qué? ¿No se tienen hijos también en Europa?(…) El dinero siempre es un buen motivo (…). Pero casi nunca es el verdadero motivo. ¿Tu mujer te lo ha quitado de la cabeza, o qué? (…) ¿La mujercita todavía no está lista para dejar de jugar a papás y a mamás? No, no, seguro que no es eso. Me lo huelo. Ella tiene fibra. Es dura y hembra y todo eso. O sea que tiene que ser cosa tuya (…). ¿Qué ha pasado? (…) ¿Qué pasa? ¿Te has echado atrás o qué? ¿Al final has decidido que te gusta vivir aquí? ¿Resulta que es más cómodo estar en esta irremisible vaciedad o...? ¡Eh! ¡Miradle! ¡He dado en el clavo! ¿Qué pasa, Wheeler? Caliente, caliente, ¿eh? (…) ¡Tío! No me extrañaría nada que la hubieses dejado preñada a propósito, para así poder pasarte el resto de tu vida escondido detrás de ese vestido premamá. (…) Tienes un marido como Dios manda, April (…). Un buen padre de familia, un ciudadano de pro. Lo siento por ti, ¿sabes? Pero bueno, os merecéis el uno al otro, supongo. La verdad es que, por la pinta que tienes ahora, empiezo a sentirlo también por él. Quiero decir, tengo la impresión de que no le das muchas satisfacciones, si es que hacerte hijos es la única manera que él tiene de demostrarte que tiene un par de huevos.” (Tercera parte, capítulo 5, página 348)

A partir de ese momento, la novela desembocará inexorablemente en la tragedia. La tragedia del lector es comprobar que tampoco tuvo un par de huevos para emprender su particular viaje a Francia.


Las citas del libro están tomadas de: 
Vía Revolucionaria
Richard Yates
Punto de Lectura, 
Santillana Ediciones Generales, S.L., 
Madrid. 
2009
Traducción de Luís Murillo Fort
409 págs.
ISBN: 78-84-663-2262-1

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