He leído Claus y Lucas de Agota Kristof, una inquietante novela (que en un principio fueron tres: "El gran cuaderno", "La prueba" y "La tercera mentira"); una historia contada desde diferentes puntos de vista. La reinterpretación sublima de tal manera la terrible realidad, que por momentos nos llega a parecer incluso épica. Quizá porque gran parte de lo que se nos cuenta es lo que pudo ocurrir, pero probablemente nunca ocurrió. La novela es como la vida de cualquiera de nosotros, llena de secretos vergonzantes y mentiras que pergeñamos y acabamos creyéndonos; la búsqueda de los sueños perdidos y la decepción que se siente una vez conseguidos.
Además el tema del hermano gemelo nos remite a otros cuentos o novelas clásicos: el otro, aquel personaje inseparable que nos completa y con el que competimos, cuya existencia nos da la vida y nos la quita; su falta, el sustituto, la vida sin él. La invención de un hermano o un amigo para soportar la realidad, un alter ego que triunfa y que volverá a rescatarnos. Un Mr. Hyde que nos permite ser osados, valientes e incluso cometer delitos que jamás habíamos soñado ser capaces de hacer.
En cierto modo es una novela picaresca, una novela de crecimiento y supervivencia, de aprendizaje, que nos muestra el duro entrenamiento para la vida al que se someten los protagonistas. Pero, realmente es la vida de un contador de historias, de un gran mentiroso. Y, sobre todo, nos habla del poder curativo de la lectura y de la escritura. Cómo escribir nos enseña a vivir y nos redime; cómo nos ayuda a entender quiénes somos y lo que nos rodea.
Yo, escritor torpe, olvidado por las musas y lleno de dudas, he encontrado revelador el siguiente párrafo:
"Allí sentando, viendo los libros que había en los estantes, me acordé de mi libro, del libro del que había hablado mi hermana, de aquel libro que proyectaba escribir desde mi adolescencia. Quería ser escritor, escribir libros, ése era el sueño de mi juventud, y mi hermana y yo habíamos hablado de ello a menudo. Ella creía en mí, yo también creía en mí mismo, pero cada vez menos, y finalmente ese sueño de escribir libros lo olvidé por completo.
"No tengo más que cincuenta años. Si dejo de fumar y de beber, o más bien de beber y de fumar, podré escribir un libro todavía. Muchos libros no, pero un solo libro, quizá. Estoy convencido, Lucas, de que todo ser humano ha nacido para escribir un libro, y sólo para eso. Un libro genial o un libro mediocre, poco importa, pero el que no escriba nada es un ser perdido, no ha hecho más que pasar por la tierra sin dejar huella alguna.
(...)
"Lucas dice:
- Tienes razón, Víctor. Escribir es lo más importante."
Claus y Lucas,
Además el tema del hermano gemelo nos remite a otros cuentos o novelas clásicos: el otro, aquel personaje inseparable que nos completa y con el que competimos, cuya existencia nos da la vida y nos la quita; su falta, el sustituto, la vida sin él. La invención de un hermano o un amigo para soportar la realidad, un alter ego que triunfa y que volverá a rescatarnos. Un Mr. Hyde que nos permite ser osados, valientes e incluso cometer delitos que jamás habíamos soñado ser capaces de hacer.
En cierto modo es una novela picaresca, una novela de crecimiento y supervivencia, de aprendizaje, que nos muestra el duro entrenamiento para la vida al que se someten los protagonistas. Pero, realmente es la vida de un contador de historias, de un gran mentiroso. Y, sobre todo, nos habla del poder curativo de la lectura y de la escritura. Cómo escribir nos enseña a vivir y nos redime; cómo nos ayuda a entender quiénes somos y lo que nos rodea.
Yo, escritor torpe, olvidado por las musas y lleno de dudas, he encontrado revelador el siguiente párrafo:
"Allí sentando, viendo los libros que había en los estantes, me acordé de mi libro, del libro del que había hablado mi hermana, de aquel libro que proyectaba escribir desde mi adolescencia. Quería ser escritor, escribir libros, ése era el sueño de mi juventud, y mi hermana y yo habíamos hablado de ello a menudo. Ella creía en mí, yo también creía en mí mismo, pero cada vez menos, y finalmente ese sueño de escribir libros lo olvidé por completo.
"No tengo más que cincuenta años. Si dejo de fumar y de beber, o más bien de beber y de fumar, podré escribir un libro todavía. Muchos libros no, pero un solo libro, quizá. Estoy convencido, Lucas, de que todo ser humano ha nacido para escribir un libro, y sólo para eso. Un libro genial o un libro mediocre, poco importa, pero el que no escriba nada es un ser perdido, no ha hecho más que pasar por la tierra sin dejar huella alguna.
(...)
"Lucas dice:
- Tienes razón, Víctor. Escribir es lo más importante."
Claus y Lucas,
Agota Kristof.
Colección Modernos y Clásicos de El Aleph, nº 258,
El Aleph Editores,
Barcelona
2007
448 págs.
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