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RENUÉVATE EL CARNÉ

Mi vuelo sale a las tres y media de la tarde. Llamo al Ministerio de Asuntos Exteriores: "No puede usted viajar al extranjero si no tiene el carné de identidad en regla." El mío caducó hace un mes, pero han pasado las semanas y no he ido a renovarlo. La desidia. El trabajo excesivo. Los trámites para justificar el cambio de residencia.

Son las doce de la mañana. "Ahora vuelvo", le digo a mi compañera, que me mira extrañada. "A la comisaría más próxima", le digo al taxista. Hace frío, voy sin abrigo y ha empezado a lloviznar. En la comisaría me explican que para renovar el DNI hay que pedir cita previa. Les digo que salgo para Sofía a las tres y me sugieren un pasaporte tipo B, siempre y cuando todos los que han ido a renovar el pasaporte pasen antes que yo. "Sólo necesita una fotografía", que por supuesto no tengo. Es la una y empiezo a pensar que voy a perder el vuelo.

Vuelvo con una foto horrenda con la que seguro que no me dejarán nunca salir del país porque en la aduana pensarán que soy un delincuente peligroso o un pederasta, yo qué sé. Sólo he encontrado un fotomatón en un centro comercial en el que nadie sabía seguro que hubiera un fotomatón y que, en consecuencia, he tenido que recorrer de cabo a rabo. Uno cae fulminado al ver sus propias fotos, de ahí lo acertado del nombre. Para nada el rollo fotomatón de Amelie.

"¿Queda alguien para renovar el DNI?" dice un empleado desde el mostrador. Miro a mi alrededor, nadie se levanta. "Si no hay nadie." Estoy empapado hasta los huesos, despeinado y con unas fotos terribles, pero tengo la fortuna de renovarme el carné sin haber pedido cita previa.

"¿El domicilio sigue siendo la Avenida de Santander 39?", me pregunta el empleado y yo pienso en el día en que se fue Violeta y en las plantas que dejé abandonadas en la terraza y en las cajas con mis libros. "Sí", miento. "¿Y el piso?", y recuerdo cuando Violeta subía por las escaleras los dos pisos y yo me quedaba mirando su culo, contoneándose provocativo delante de mí, llamándome, y cómo sacaba las llaves y abría la puerta, y ¿qué letra era?. "Seeeguuundooo", consigo decir. "¿Qué más?", me urge el funcionario. "Izquierda", respondo al final, e intento hacerlo con seguridad, pero cualquiera habría notado que me lo acabo de inventar. "¿Y el teléfono sigue siendo?" Esto ya es demasiado: "No, no, hemos quitado el teléfono fijo y ya sólo tengo el móvil." Y se lo doy.

Sólo nos queda cargar el microchip del carné. Al principio mantenemos una conversación cortés, sobre el tiempo, las innovaciones informáticas y los viajes al extranjero, pero a los veinte minutos yo estoy empezando a impacientarme y al final mi interlocutor sólo consigue sonsacarme monosílabos y opta por callar. "Aquí lo tiene", dice al fin. Son las dos de la tarde.

Sigue lloviendo, a duras penas consigo un taxi, vuelvo a la oficina, cojo la maleta, el ordenador, los papeles, los regalos. Irene me mira alucinada: "Estaba empezando a preocuparme". "Adios, le digo, que pierdo el vuelo." El avión sale de la terminal antigua del aeropuerto. Viajo en business y no me ponen pegas por llegar justo de tiempo. Todos miran mucho mi recién sacado carné, o es por la foto o porque huele a recién hecho. Cuando llego a mi puerta de embarque, hay una gran conmoción: barullo, gritos, conato de amotinamiento. Todo porque el vuelo de la Bulgarian Airlines lleva retraso y la salida no está prevista hasta las 17:50. Llamo a mi cliente y le informo del retraso. "Don't worry, Enrique. Welcome to Bulgaria."

Por cierto, para evitaros los problemas que he pasado yo para renovar el carné, os recomiendo la visita a https://www.citapreviadnie.es/dnie-usu/jsp/, donde os darán cita previa en la provincia, localidad y comisaría que elijáis.

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