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ANOTHER DAY

Llego a casa. Son las nueve y media. Dejo las llaves en la consola del recibidor. Me quito el abrigo y lo cuelgo en el gabanero. Voy al dormitorio. Pulso el interruptor, pero no hay luz. Se me ha vuelto a olvidar comprar una bombilla. Me muevo a tientas por el cuarto y enciendo la luz de la mesilla. Abro el zapatero. Me siento en la cama. Me quito un zapato. Le coloco un perno. Me quito el otro y le coloco otro perno. Guardo el par en el zapatero. Lo cierro. Me quito los calcetines. Los tiro en un rincón. Abro el armario. Me quito la chaqueta. Descuelgo una percha, abrocho la chaqueta y la cuelgo en la zona del armario destinada para las chaquetas. Me desabrocho el cinturón y me lo quito. Lo cuelgo en la percha para cinturones. Me desabrocho los pantalones. Abrocho la cremallera y los botones, los doblo por la raya y los cuelgo en una percha especial para pantalones. Cuelgo la percha en la zona del armario destinada a los pantalones. Desanudo la corbata. La cuelgo en la percha de las corbatas, con las azules, junto a las granates. Me desabrocho los botones de la camisa y me la quito. La tiro al rincón con los calcetines. Me quito los calzoncillos y los tiro también al rincón.

Busco el pijama debajo de la almohada, donde siempre lo coloca bien doblado Lola. La cama huele a sábanas limpias y a jabón y a frescor. Lola prescinde del suavizante, para librarme de la dermatitis que había empezado a atacarme. No he conseguido que coloque las almohadas de la cama a mi manera, pero hace tiempo que no se lo menciono, porque es inútil. Me hace caso un día o dos, pero, al tercero, se olvida. Ya no me importa.

Recojo la ropa sucia del rincón y me voy a la cocina. Hago un mimo a Pedro, el hámster, que me mira con la tristeza del que pasa solo mucho tiempo. Enciendo el transistor. Las noticias del deporte, que no escucho. Tiro la ropa al cesto de la ropa sucia del baño de servicio. Saco pan de molde de la despensa. De la nevera, un poco de embutido y una cerveza. La cierro inmediatamente y se le escapa un suspiro imperceptible de alivio. Apunto en la pizarra: “cervezas”, “bombilla”. Me hago un sandwich de algo, me lo como distraídamente y comparto un poco de corteza con Pedro, que agradece el gesto. Doy un par de sorbos a la cerveza, pero la dejo a medias. Me tomo un yogur y un poco de fruta.

Voy al baño. Cojo la pasta de dientes y el cepillo. Empiezo a cepillarme con fruición, los dientes de arriba, los de abajo, las muelas, por dentro, por fuera. No recuerdo cuántas veces. Olvido por dónde empecé y empiezo de nuevo, varias veces. Luego la emprendo con la seda dental. Son las diez y media. Vuelvo al dormitorio. Conecto los despertadores, uno, dos, tres. Conecto la alarma del móvil. Mañana quiero llegar pronto, a ver si puedo llegar pronto. Preparo el traje que me pondré. El azul de rayas. La camisa y la corbata a juego. Unos calcetines. Lustro los zapatos negros de cordones.

Voy al salón. Me siento en el sofá. Intento leer un poco, pero no me concentro. Decido dormir. Mañana quiero llegar pronto, a ver si puedo llegar pronto. Suena el teléfono. Es mi madre. “Todo está bien, le digo. Sí, sí, muy bien.” Sonrío. Quedo en ir a comer con ellos al día siguiente. Llamo a Jose. Salta el contestador. Deben de estar acostando a la niña. “Sólo era para ver cómo estabais.” Llamo a Carmen. “Ahora no puedo hablar, Juanma está intentado que se duerma el niño.”

Recorro mi agenda mentalmente para ver a quién más puedo llamar, pero todos estarán ya cenados o cenando, acostados o acostándose, dormidos o durmiéndose. Los más afortunados habrán salido al cine o a cenar o a tomar una copa. Otros afortunados a lo mejor están follando.

Pienso que mañana todo será diferente. Llegaré pronto, podré quitarme un montón de trabajo y no me quedaré hasta tarde trabajando. Mi jefe no nos llamará para una reunión de última hora. Los clientes no se quejarán de que no los atiendo lo suficientemente bien. La bandeja de entrada del correo no se me desbordará de nuevo.

Pienso en Marina. En que me dará una cita y la llevaré al cine y la invitaré a cenar y que cuando le pida si quiere venir a mi casa, me dirá que sí.


So sad, sometimes she feels so sad
Alone in her apartment she'd dwell
till the man of her dreams
comes to break the spell

Pienso que a partir de mañana todo será diferente y que cuando llegue a casa no serán las nueve y media.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
que bien has retratado la vuelta a casa de un hombre, el ejercicio de la rutina, la soledad y la espera de llamados, voces, fragancias... la espera por Ella.
Me encanta el ritmo que tiene tus letras, estuve leyendo antiguas cosas tuyas y Doctor robert es fascinante, gracias por el dato de help en dvd no lo sabia genial!
te dejo mis saludos y mi voto en el 20 minutos, nos leemos!
saludos!
Anónimo ha dicho que…
pasaba por aquí dijo aute... saludos, te dejo mi voto de hoy!
Anónimo ha dicho que…
saludos mi click de hoy viernes!
Arbillas ha dicho que…
Hola:

Yo llevo ya mucho tiempo pensando en que mañana no será así, pero siempre suele ser así.

Pero no perdono un buen rato de sofá antes de dormir.

Te ha faltado ser mujer y tener hijos, para completar la escena, no te lo digo por feminismo, te lo digo por que es una realidad.

Un saludo y que descanses.
Anónimo ha dicho que…
saludso, mi click de hoy, espero novedades argumentativas!
Anónimo ha dicho que…
Estaban acostando a la niña.
Seguro.

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